COINCIDENCIAS TEMÁTICAS Y FORMALES ENTRE LOS POEMAS INDIGENISTAS DE SALOMÉ UREÑA Y JOSÉ JOAQUÍN PÉREZ

Ciencia y Sociedad, Vol. 41, No. 3, Julio-Septiembre, 2016: p.455-473, • ISSN: 0378-7680 (impresa) • ISSN: 2613-8751 (en línea) • Sitio web: https://revistas.intec.edu.do/

COINCIDENCIAS TEMÁTICAS Y FORMALES ENTRE LOS POEMAS INDIGENISTAS DE SALOMÉ UREÑA Y JOSÉ JOAQUÍN PÉREZ

Thematic and formal similarities between the indigenous poems Salomé Ureña and José Joaquín Pérez

DOI: http://dx.doi.org/10.22206/cys.2016.v41i3.pp455-473

*Profesor de la Universidad Abierta Para Adultos (UAPA), Santiago de los Caballeros. Correo electrónico: patriciogarcia6@gmail.com

Recibido: Aprobado:

INTEC Jurnals - Open Access

Cómo citar: García Polanco, P. (2016). Coincidencias temáticas y formales entre los poemas indigenistas de Salomé Ureña y José Joaquín Pérez. Ciencia y Sociedad, 41(3), 455-473. https://doi.org/10.22206/cys.2016.v41i3.pp455-473

Resumen

En este estudio se comparan los poemarios de temática indigenista de José Joaquín Pérez y Salomé Ureña: Fantasías indígenas y Anacaona, respectivamente, tanto en el aspecto temático como en el aspecto formal, para llegar a la conclusión de que ambas obras coinciden en lo fundamental. La vida apacible de los aborígenes, sus relaciones intergrupales, sus hábitos, mitos y ritos son recogidos en ambos poemarios, en los que también se aprecian similitudes en la forma y el estilo: la organización de los versos, formas estróficas, tipo de rima, vocabulario… Sin embargo, esto no debe interpretarse como una infravaloración de Anacaona, que se escribió con posterioridad a Fantasías indígenas, ya que se trata de una obra escrita con suficiente destreza en el tratamiento del tema, y que cuenta con un estilo que, si bien no puede catalogarse de original, resulta atractivo e interesante


Palabras clave: poesía, indigenismo, naturaleza, Salomé Ureña, José Joaquín Pérez.

Abstract

In this study the indigenous poem topic of Jose Joaquin Perez and Salome Ureña are compare: Fantasías indígenas y Anacaona, respectively, in both the thematic aspect and the formal aspect, to conclude that both works fundamentally agree. The peaceful life of the natives, their intergroup relations, habits, myths and rituals are collected in two books of poetry, in which similarities can also be seen in the shape and style: the organization of the verses, strophic forms, kind of rhyme, vocabulary... However, this should not be interpreted as an underestimation of Anacaona, which was written after indigenous fantasies, as it is written with sufficient skill in dealing with the subject work, and a style that, while it can be cataloged original, is attractive and interesting.


Keywords: poetry, indigenism, nature, Salome Ureña, José Joaquín Pérez.

Introducción

Salomé Ureña y José Joaquín Pérez son dos de las tres grandes figuras que brillaron en el firmamento poético de la República Dominicana durante el siglo XIX. Joaquín Balaguer dice de los dos primeros que son “los más excelsos del parnaso dominicano” (Balaguer, 1997: 105) y el crítico español Marcelino Menéndez y Pelayo expresa: “Para encontrar verdadera poesía en Santo Domingo hay que llegar a José Joaquín Pérez y a Salomé Ureña de Henríquez” (Henríquez Ureña, 2003: 150).

El otro gran poeta de esa centuria fue Gastón Fernando Deligne. La crítica especializada ha señalado que estos tres poetas representan la cima de la poesía dominicana de ese siglo. Manuel Mora Serrano, refiriéndose a Deligne, escribe: “Forma junto a Salomé y José Joaquín nuestro primer trío de poetas clásicos” (Mora, 1977: 72). El presente estudio comparativo deja fuera a este tercer poeta, Deligne, y se centra en los dos primeros. Dos poemarios sirven de base al estudio: Fantasías indígenas, de José Joaquín Pérez (1989), y Anacaona, de Salomé Ureña (1997).

Se parte de la idea de que el poeta José Joaquín Pérez y la poetisa Salomé Ureña escribieron sendas obras de temática indigenista, bajo los mismos o parecidos presupuestos ideológicos y estéticos. Los aspectos temáticos y formales están tan cerca que se tocan constantemente. Quien haya leído ambos libros con detenimiento, seguramente habrá podido constatar estas coincidencias en los temas y en el estilo. Por supuesto, ambos poemarios se justifican por sí mismos y en cada uno está presente la mano maestra de su autor o de su autora. Hay coincidencia, pero solo eso, ya que aunque Anacaona es posterior a Fantasías indígenas, se trata de dos colecciones de poemas trabajados con conciencia del oficio y del arte poético, atributos de los que ambos poetas estuvieron bien dotados.

2. El indigenismo en Salomé Ureña y José Joaquín Pérez

José Joaquín Pérez fue el primer poeta dominicano en publicar un libro de ese género; sus Fantasías indígenas, editadas en 1877, constituyen “el primer libro de versos de un solo autor” (Alcántara Almánzar, 1989: 9). También fue el primero que se ocupó de manera consistente del tema aborigen. Posteriormente, lo hizo la ilustre poetisa y maestra Salomé Ureña con un poemario titulado Anacaona. En estas obras ambos autores expresan su admiración y su defensa de los aborígenes que poblaron la isla antes de la llegada de Cristóbal Colón y los españoles al Nuevo Mundo.

Las Fantasías indígenas, de Pérez, consta de catorce poemas, de variadas formas y métrica. Por su parte, Anacaona es un poema extenso de Salomé Ureña que está dividido en treinta y nueve partes, señalizadas en números romanos y sin título. Este fue publicado tres años después del de José Joaquín Pérez, es decir, en 1880.

¿Qué encontramos en los dos libros citados de estos dos autores? Ambos son poemarios que reivindican la esencia de la cultura indígena, con sus ritos, sus amores, sus tradiciones y, finalmente, el impacto brutal que tuvo sobre ellos la conquista y la colonización de la isla de Santo Domingo. En ambos nos encontramos con personajes reconocidos que la historiografía ha salvado para la posteridad. Los caciques de la isla: los bravos Caonabo, Guarién, Bohechío; el traidor Guacanagarix o Guacanagarí, acusado por la tradición histórica de ser un aliado de los conquistadores y traidor de sus hermanos de raza; las bellas Anacaona y su hija Higuanamota o Higuenamota; Vanahí y Vaganiona, etc. Encontramos, también, toda la exuberancia de una naturaleza que aún no había recibido el impacto brutal de las fuerzas económicas que el capitalismo en expansión comenzaba a extender por todo el planeta.

La naturaleza, vista en todo su esplendor, con sus montañas y valles tapizados por una vegetación paradisíaca, ríos, arroyos y fuentes, es el trasfondo empleado por ambos poetas. Es un tópico común que vincula profundamente los citados poemarios. El origen de este tópico se remonta a la poesía griega, específicamente al poeta Teócrito, y continuado en las letras latinas por Virgilio. Es el locus amoenus, que se traduce como lugar ameno o agradable, y que consiste en la descripción idealizada de la naturaleza, con elementos que se repiten: prados verdes, árboles que proporcionan sombra, pájaros cantando, arroyos cristalinos. Hay quienes afirman que el locus amoenus ya aparece en los relatos bíblicos, ya que el jardín o Edén donde Dios colocó a Adán y Eva constituye un modelo perfecto de lo que luego sería ese lugar idealizado que a tantos poetas ha inspirado en sucesivas generaciones.

También, resuenan ecos lejanos del beatus ille (“dichoso aquel”) del poeta romano Horacio, que se convirtió en un tópico de la poesía universal y que nuestros poetas absorbieron en sus lecturas de la poesía clásica grecolatina. Es la exaltación de la vida retirada y apacible, lejos de las ciudades donde los hombres comercian, luchan, ambicionan y hacen la guerra, que el poeta renacentista español fray Luis de León recreó excelentemente en su célebre Oda a la vida retirada: “Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido…” (De León, 1995: 68).

Léanse los siguientes fragmentos, uno de la poetisa y otro del poeta, a manera de ejemplo:

Donde feraces bosques
ofrecen enlazados
mil árboles preciados
en sempiterno abril,
y orgullo y ornamento
de la región indiana
la palma soberana
levántase gentil

(Ureña, 1997: 190)

Cuando salía con el alba
a trepar por las colinas,
y de flores campesinas
ornaban la casta sien,
le formaban coro alegre
los matinales rumores,
y los pájaros cantores
de su predilecto edén

(Pérez, 1989: 79)

En la presentación de los personajes hay bastante coincidencia entre ambas obras. Tanto José Joaquín Pérez como Salomé Ureña nos ofrecen una visión idealista de los indígenas y de su hábitat. Como resultado de esta caracterización, el hombre aborigen es descrito siempre como un ser valiente, firme, leal, discreto, candoroso y magnánimo. En contraposición a esta visión ingenua y romántica, los conquistadores son presentados como crueles, ambiciosos, pérfidos y carentes de todo escrúpulo.

Es el mito del buen salvaje, el cual describe a los nativos como seres pacíficos, generosos, leales, sin jerarquías sociales y siempre dispuestos a actuar a favor del bien común, en contraposición con los hombres y mujeres provenientes del mundo llamado civilizado, señalados como ambiciosos, egoístas, crueles y violentos. Es la idea del hombre primitivo bien situado en su edén, que vive en perfecta armonía con la naturaleza, tal como nos la presenta el pensador ilustrado Juan Jacobo Rousseau en su célebre Emilio o la Educación (2000), así como en su Discurso sobre el origen de la desigualdad (1999). De esta última obra transcribimos:

Mientras que los hombres se contentaron con sus rústicas cabañas, mientras que se limitaron a coser sus vestidos de pieles con espinas o aristas, a adornarse con plumas y conchas, a pintarse el cuerpo con piedras cortantes algunas canoas de pescadores o toscos instrumentos de música; en una palabra, mientras se dedicaron a obras que uno solo podía hacer y a las artes que no exigían el concurso de muchas manos, vivieron libres, sanos, buenos y dichosos, hasta donde podían serlo, dada su naturaleza, y continuaron gozando de las dulzuras de un comercio independiente. (Rousseau, 1999: 65).

El “mito del buen salvaje” o mito del estado de naturaleza es una teoría que antropólogos y científicos han rebatido acaloradamente, ya que los estudios etnográficos y antropológicos han demostrado que en esos pueblos primitivos también había conflictos que con frecuencia se resolvían por vía de la violencia. En ese sentido, el filósofo francés Gilles Lipovetsky afirma que “todas las sociedades salvajes están reguladas esencialmente por dos códigos, el del honor y el de la venganza” (Bartra, 2001: 6).

Algunas corrientes sociológicas y psicológicas han acogido el mito y lo han sometido a un proceso de reelaboración favorable a las ideas que propugnan. Tales son los casos del marxismo y el psicoanálisis.

El mito del estado de naturaleza, en realidad regresivo por ser sustancialmente nostálgico de una edad perdida en la cual vivir feliz coincidía con la comunión de los bienes y de las mujeres, ha sido reinterpretado en tiempos más recientes en clave revolucionaria o en una propuesta de total liberación del hombre, pero siempre en vista del fin de la política, por el marxismo y por el psicoanálisis, después que el mito o la leyenda del buen salvaje había entrado en la crítica histórica con J. J. Bachofen, E. B. Tylor y con L. H. Morgan (1971: 353).

Sin embargo, no es competencia de este trabajo analizar la pertinencia o no del mito en cuestión, sino determinar cómo los poemarios objeto de nuestro análisis parten de esta visión ingenua para presentarnos un cuadro idealista del aborigen frente al hombre civilizado, que un día inesperado llega al bucólico edén y se hace dueño de las tierras, de las riquezas y de la vida y la libertad de sus habitantes.

Es interesante comparar la forma en que cada poeta presenta a los personajes que interactúan en las historias que forman parte de sus poemas. Y es que hay mucha coincidencia en el lenguaje. Adjetivos como noble, audaz, altivo, gallardo, majestuoso, entre otros, son utilizados en los dos poemarios para trazar una imagen positiva de los indígenas que pueblan la isla. A veces varían estos adjetivos, pero son reemplazados por sinónimos. Si, en algunos casos, al referirse a los caciques aparecen adjetivos que podrían parecer duros, como fiero y belicoso, al ser utilizados entre otros muchos que refuerzan positivamente la descripción, pierden la connotación negativa.

Véase esta descripción de Caonabo, indígena de origen caribeño que emigró a la isla, se enamoró de una taína, Anacaona (hermana del cacique Behechío o Bohechío), y se quedó a vivir aquí. Su reino o cacicazgo abarcó lo que hoy es la provincia de San Juan de la Maguana en el suroeste del territorio dominicano (Moya Pons: 1981: 8).

De gallardo continente,
firme la mirada audaz,
de alma grande, belicoso
y resuelto el ademán,
altiva la frente adusta
do brilla con majestad
plumas de vivos colores
que el aura mueve al pasar…

(Ureña, 1997: 193 y 203)

Por su parte, José Joaquín Pérez presenta este perfil del cacique Caonabo:

¿Quién, sino el fiero y audaz cacique,
de la Maguana noble señor
aquel soberbio titán indiano
Caonabo, el genio desolador?

(Pérez, 1989: 36 y 114)

La mujer indígena también es descrita como poseedora de hermosos atributos. Es la mujer casta, de nobles sentimientos, pura como las flores silvestres que embellecen los campos de la isla. Poseedora de gracia y encanto. No hay una sola referencia negativa de la mujer indígena, como tampoco la hay de ninguno de los personajes masculinos que pueblan Fantasías indígenas y Anacaona.

Léase esta descripción que hace Salomé Ureña de Anacaona:

Como la palma de la llanura
su talle airoso moviendo esbelta,
en largas ondas al aura suelta
la cabellera negra y sutil,
joven y hermosa, feliz recorre
los campos ricos de la Maguana
una graciosa beldad indiana,
más que otra alguna noble y gentil

(Ureña, 1997: 192-193).

Es preciso señalar que esta imagen de Anacaona no es exclusiva de la literatura. Las crónicas históricas la describen como una mujer encantadora, ilustre poetisa, que entonaba hermosos poemas en los areítos y festividades que celebraban los indios de su tribu. Su fama pasó de la literatura a otras esferas del arte. Hay una canción a ritmo de salsa, compuesta por el compositor puertorriqueño Tite Curé Alonso e interpretada por su compatriota Cheo Feliciano, que rinde homenaje a la reina del cacicazgo de Maguana. También en honor a ella hay en Cuba una agrupación de salsa llamada Orquesta Anacaona.

En cuanto a José Joaquín Pérez, se observa cómo también describe a las mujeres que desfilan por sus Fantasías como jóvenes o señoras encantadoras, llenas de cualidades y atributos. Ningún rasgo de tosquedad, ninguna tara que pueda deslucir su belleza, su gracia y su portento. Así traza la figura de una indiana:

Eran lánguidos sus ojos
cual de gacela del valle;
ágil y esbelto su talle
como palma de yarey…

(Pérez, 1989: 79).

Como ya señalamos en líneas anteriores, en contraste con la imagen positiva del indígena, se describe a los conquistadores como violentos, taimados, cínicos y ambiciosos. Sin embargo, como bien se sabe, esta caracterización no es exclusiva de los poetas ni de la literatura dominicana en general, sino que está diseminada por toda la historiografía dominicana. Más allá de los argumentos de quienes identifican como leyenda negra la mala fama de la España de aquellos tiempos y de las exageraciones que se les atribuyen a las crónicas de fray Bartolomé de las Casas, los documentos históricos avalan una serie de abusos contra una población pacífica y candorosa. En un pequeño libro de historia para niños, Frank Moya Pons narra la difícil situación de los nativos de la isla tras la llegada de los españoles:

Los españoles los mataban por placer. Los cortaban en dos con sus espadas. Se los echaban vivos a sus perros para que los destrozaran. Los hacían trabajar de día y de noche sin darles comida ni agua hasta que caían muertos de hambre. Los españoles también se hacían cargar por ellos en hamacas para no tener que caminar cuando querían ir a de un sitio a otro (Moya Pons, 1977: 18).

Un testigo de los acontecimientos vividos en la isla durante el período de la conquista, el señor Miguel de Cúneo, italiano que acompañó a Colón en su segundo viaje, buscando aventuras”, narra en una carta a un amigo: “Quienes fueron encontrados en falta fueron duramente azotados; a uno le cortaron las orejas y a otro la nariz, que era una pena verlos” (Inoa, 2013: 47).

La fiereza del conquistador es cifrada por Salomé Ureña en estos versos:

¡Ay del indio que en su seno
generoso, sin doblez,
a la víbora da abrigo,
y promete ciega fe
al tirano que le halaga,
que le tiende infame red!

style="text-align: center;"

>(Ureña, 1997: 202).

En tanto que José Joaquín Pérez trata ese aspecto de la siguiente manera:

El aleve español, que su dominio
a Guacanagarí, su incauto aliado,
impone ya, cual triste vaticinio
de un porvenir de sombras rodeado,
extiende hasta Maguá su omnipotencia,
y, de lujuria y oro vil sediento,
oculto tras la cruz que reverencia,
lanza doquier su corruptor aliento.

(Pérez, 1989: 51).

De esta valoración negativa que los poetas en cuestión hacen de los conquistadores, solo se salva Cristóbal Colón, por el que ambos autores dejan filtrar una sutil admiración y respeto. La respetable maestra y poetisa hace una tácita defensa del almirante genovés, oponiendo sus virtudes al personaje de Roldán, que es caracterizado como rebelde y conflictivo debido a que enfrentó al Almirante en la recién establecida colonia de Santo Domingo por un conflicto de intereses.

Roldán el infame que el digno homenaje
de amor y respeto negaba a Colón,
frenético alzando su voz sediciosa,
moviendo en las filas fatal rebelión;
tras mil enojosos disturbios prolijos
que el alma amargaron del gran genovés,
haciendo el anhelo de paz y de calma
que al vil otorgara su gracia después.

(Ureña, 1997: 258).

Agrúpase la turba que,
insolente, sacrificarlo a su furor quería
y dobla humilde, con fervor, la frente
ante el noble coloso que la guía.

(Pérez, 1989: 43).

Por otra parte, los dos poetas trazan un boceto repulsivo del desleal Guacanagarí, a quien sus hermanos de raza no le perdonan su actitud de acogida y colaboración para con los conquistadores. Salomé Ureña lo expresa del siguiente modo:

Guacanagarí, el débil
aliado del extranjero,
de su tribu generosa
el crudo destino viendo,
de su grey aborrecido,
despreciado del ibero,
presa de angustia terrible
y atroces remordimientos,
de la selva solitaria
en los más ocultos senos
fue a morir abandonado
entre horrorosos tormentos.

(Ureña, 1997: 263).

En tanto que José Joaquín Pérez se refiere a él en los siguientes términos:

Parece que una voz, del fondo mismo
de su conciencia, sin cesar le grita
y le acusa llamándole ¡perverso,
insensato, traidor y parricida!

(Pérez, 1989: 121)

3. Recursos formales empleados en Fantasías indígenas y en Anacaona

Como se ha dicho ya, las coincidencias no solo son temáticas, sino que hay mucha afinidad en cuanto a los recursos empleados por ambos poetas. Un ejemplo de esto es la abundancia de adjetivos para caracterizar a personas y paisajes. Esto se debe a que en estas obras abundan las descripciones.

Mecidos al columpio
de hamacas vaporosas
las horas venturosas
pasaban sin temor,
gustando embelesados
en lánguido reposo
del coiba el delicioso perfume embriagador.

(Ureña, 1997: 191).

Intrépidos los reales
de su poder asienta
–en vasta y opulenta
Comarca – Guarionex,
Allí do brinda el coiba
fragante su tesoro
do el cigüeyano el oro
brillar mira a sus pies.

(Pérez, 1989: 37).

Otro rasgo común es la incorporación en ambos poemarios de términos de origen taíno. Nombres de caciques y de otras personas nativas de la isla: Caonabo, Bohechío, Guarionex, Guacanagarix, Anacaona, Higuanamota, entre otros. También nombres de lugares geográficos: Marién, Maguana, Jaragua, Maguá, Maguana; de ríos: Garavuay, Guayayuco, Yaque… Igualmente aparecen otros indigenismos como batey, caney, arijuna (extranjero), bohío, buitío (sacerdote), coiba (tabaco), diumba (danza), sarovey (algodón), turey (cielo), zemí (dios).

He aquí algunas muestras de indigenismos en Anacaona y en Fantasías indígenas.

conducen al huésped al regio caney
en diumba ligera danzando se ven
bastan los frutos y el sarovey
el areíto en que su reina
reunirse en torno al buitío
y del zemí se encamina y del pérfido arijuna
a los hijos del turey
de su eracra de yarey

(Poesías completas. Anacaona)

y blanco sarovey
y en diumbas y en areítos
del tutelar zemí
murió ignorada sin que el buitío
perdóname, cacique, si un día tu eracra espléndida
del arijuna profana
en el índico caney
bellas hijas de Elim y del turey.

(Pérez, 1989: 95-98)

4. Recursos estilísticos

Salomé Ureña y José Joaquín Pérez son dos poetas diestros en el manejo de técnicas y recursos expresivos. Ambos poseyeron una amplia cultura general y un buen conocimiento del género literario al que se dedicaron (Balaguer, 1995: 350 y Henríquez, 2003: 46). Por eso, utilizaron una gran variedad de formas poéticas: diversidad de tipos estróficos, de rima y de métrica. Pero antes de pasar a este último aspecto, fijémonos en los recursos retóricos empleados en las dos obras, señalando algunas coincidencias respecto a los recursos más utilizados por el poeta y la poetisa.

En sentido general, los recursos estilísticos empleados con mayor profusión son el símil, la metáfora, la antítesis, la reduplicación, la prosopopeya y, sobre todo, el hipérbaton. En el caso de la poetisa, usó y abusó de este recurso, que es una influencia de los clásicos del Siglo de Oro y de los autores neoclásicos. Pero también el poeta José Joaquín Pérez hizo uso frecuente del hipérbaton.

De mi tribu los valientes indomables
del coiba el delicioso perfume embriagador
de la región indiana la palma soberana
de su comarca bella en posesión feliz.

(Anacaona)

De Caonabo la fiel y digna esposa
su hija arrancando de su seno corre,
y del trono en el ara la abandona
como holocausto que al destino opone.

(Pérez, 1989: 68).

5. Estrofas, métrica y rima

Tanto en Anacaona como en Fantasías indígenas predominan los versos de rima consonante. No obstante, también abundan las formas asonánticas como el romance (el propiamente llamado así, que es el de ocho sílabas, y el de once sílabas, que es denominado romance heroico). En ambas obras se emplea una estrofa que combina versos rimados en asonancia según el esquema: ABAB (semejante al serventesio, pero con rima asonante).

Entre las estrofas de versos consonantes se usan con bastante frecuencia la octava italiana y su pariente menor, la octavilla, y el serventesio. Coinciden, además, en el uso de estrofas de diez versos de rima asonante los pares, que siempre terminan en palabra aguda. Pocas diferencias hay en los esquemas métricos y estróficos como en la rima. En el poemario de José Joaquín Pérez aparece el quinteto y la quintilla, que no figuran en el texto de Salomé Ureña. Esta, en cambio, utiliza en algunos de sus poemas un tipo de estrofa formada por doce versos, de rima alterna, que está ausente en las Fantasías de Pérez.

6. Conclusiones

Los puntos de contacto entre Anacaona, de Salomé Ureña, y Fantasías indígenas, de José Joaquín Pérez, son múltiples. Una comparación en los aspectos temáticos y formales, como la que hemos efectuado, permite palpar los numerosos vínculos que unen a los dos poemarios. El tema de ambos es la vida plácida y sencilla de la época precolombina y la tragedia que supuso la llegada de los conquistadores a la isla. Este tema se desenvuelve entre la dualidad bien/mal. Los nativos encarnan el bien, con todos los atributos que le son afines, en tanto que los europeos representan la cara opuesta: el mal que acaba sepultando el bien y a quienes lo encarnan. Y en medio de todo ese doloroso drama existencial está la naturaleza pródiga y edénica: ríos, bosques, valles y montañas forman el telón de fondo de los sucesos que desfilan por las páginas de las dos obras.

Igualmente, en los aspectos formales hay una gran coincidencia visible en la organización de los versos (las estrofas), la métrica y la rima. También en el uso abundante de palabras de origen taíno. Respecto a los recursos estilísticos hay una asombrosa coincidencia.

¿Cómo se explica esta afinidad temática y formal? Salomé Ureña y José Joaquín Pérez fueron contemporáneos y amigos fraternos que compartían el mismo hábitat: la ciudad de Santo Domingo en la segunda mitad del siglo XIX. Cuando el poeta publicó sus Fantasías, en el año 1877, la poetisa escribió un poema elogioso para felicitarlo. Ese poema (un quinteto) encabeza la edición de la obra de José Joaquín Pérez realizada por la Biblioteca de Clásicos Dominicanos, de 1989. Pero, sobre todo, ambos poetas compartían una visión social y política muy próxima. Esa visión se manifiesta en su producción lírica, en la que expresaron su amor a la patria, sus sueños de redención política, los anhelos de libertad y progreso social…

Como el libro de José Joaquín Pérez fue publicado tres años antes que el de Salomé Ureña, puede deducirse que el primero ejerció una sana y benéfica influencia sobre la posterior obra de la poetisa y maestra. Anacaona es una colección de poemas muy dignos, formada por versos de gran inspiración y belleza. El hecho de que coincida de manera preponderante con el libro del poeta Pérez no le hace desmerecer la aprobación de sus lectores. Ambos poemarios deben ser conocidos y leídos por los lectores dominicanos, ya que hay en ellos una parte integral de nuestra identidad histórica.

7. Referencias

Alcántara Almánzar, J. (1989). La poesía de José Joaquín Pérez. Santo Domingo: Editora Corripio.

Balaguer, J. (1995). Letras dominicanas. Santo Domingo: Editora Corripio.

Balaguer, J. (1997). Historia de la literatura dominicana. Santo Domingo: Editora Corripio.

Bartra, R. (2001). El mito del salvaje. Ciencias, octubre-marzo (60), 88-96.

Diccionario de Política. (1971). México: Siglo XXI.

Henríquez Ureña, P. (2003). Estudios literarios. Santo Domingo: Editora Nacional.

Inoa, O. (2013). Historia dominicana. Santo Domingo: Letragráfica.

Lapesa, R. (1981). Introducción a los estudios literarios. Madrid: Cátedra.

León, fray Luis de. (1995). Poesía. Madrid: Cátedra.

Mora Serrano, M. (1977). Español 6. Literatura Dominicana e Hispanoamericana. Santo Domingo: Disesa.

Mortara Garavelli, B. (2015). Manual de retórica. Madrid: Cátedra.

Moya Pons, F. (1977). Historia dominicana. Santo Domingo: El autor.

Moya Pons, F. (1981).Manual de historia dominicana: Santiago de los Caballeros: UCMM.

Pérez, J. J. (1989). Fantasías indígenas y otros poemas. Santo Domingo: Biblioteca de Clásicos Dominicanos (Vol. II).

Rousseau, J. J. (1999). Discurso sobre el origen de la desigualdad. Recuperado de http://www.elaleph.com/

Ureña, S. (1997). Poesías completas. Santo Domingo: Edición Nacional.

Datos de filiación

Patricio García Polanco.Es licenciado en Educación, mención Letras Modernas, por la Universidad Tecnológica de Santiago (Santiago de los Caballeros). Máster en Enseñanza del Español (Universidad de Alcalá, España). Profesor de la Universidad Abierta Para Adultos (UAPA), Santiago de los Caballeros.

Correo electrónico: patriciogarcia6@gmail.com