Ciencia, Economía y Negocios, Vol. 7, No. Especial, 2023 ISSN (Impreso): 2613-876X • ISSN (En línea): 2613-8778 • Sitio web: https://revistas.intec.edu.do/

El pensamiento económico del Dr. Joaquín Balaguer1

The economic thought of Dr. Joaquín Balaguer2

DOI: https://doi.org/10.22206/ceyn.2023.v7iEspecial.pp37-44

Escuela de Economía, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Santo Domingo, República Dominicana. Correo-e: manuelmontas@pucmm.edu.do

Recibido: Aprobado:

INTEC Jurnals - Open Access

Cómo citar: Montás Betances, M. M. (2023). El pensamiento económico del Dr. Joaquín Balaguer. Ciencia, Economía y Negocios, 7(Especial), 37–44. doi: https://doi.org/10.22206/ceyn.2023.v7iEspecial.pp37-44

Resumen

Basado en algunos textos escritos durante el período de 1962 a 1966 y recopilados en Gerón (2014). Al respecto, este autor ubica a Balaguer dentro del pensamiento fisiocrático, cuyo accionar también entremezcla inclinaciones por elementos liberales en lo económico con algo de despotismo ilustrado en los aspectos políticos. Así, el modelo de desarrollo económico de Balaguer se resume en la combinación de políticas orientadas a la industrialización del sector agrícola, el ahorro público interno, la protección del medio ambiente y la promoción de obras para fomentar la cultura.


Palabras clave:

República Dominicana, Joaquín Balaguer, pensamiento económico.

Códigos del JEL: B20, B31, P52

Abstract

Based on several writings from 1962 to 1966 and compiled in Gerón (2014). In this regard, the author places Balaguer within the physiocrat's school of thought, whose actions also combine inclinations for economic liberalism with politically enlightened despotism. Thus, Balaguer's economic development model focuses on policies such as agricultural industrialization, fiscal conservatism, environmental protection, and cultural infrastructure investmen


Keywords:

Dominican Republic, Joaquín Balaguer, economic thought.

JEL Codes: B20, B31, P52

Agradezco al Instituto Tecnológico de Santo Domingo la oportunidad de participar, junto a otros dos connotados economistas, Bernardo Vega y Harold Vásquez, en una conversación abierta con todos ustedes a propósito del pensamiento económico del Dr. Joaquín Balaguer Ricardo (1906-2022), una de las figuras de mayor incidencia en la historia política y económica de la República Dominicana durante la segunda mitad del siglo xx, y puede que un poco más allá. A estos fines, les aseguro, no será la nuestra una tarea fácil, habida cuenta de que corresponde a nuestro Joaquín Balaguer el inusual privilegio —alguno diría que la desafortunada condena— de haber sido un intelectual y estadista a la vez, dando así vida a las ideas que otros muchos solamente alcanzamos a imaginar allá en el mundo de los libros, las palabras y los sueños, evitándonos las dificultades propias de la aplicación práctica de nuestras ideas, así como la responsabilidad de arrastrar a otros en la concreción de nuestras ingenuas maquinaciones. Así de temerarios y peligrosos suelen ser los inventos de los economistas y reformadores sociales, y nuestro Joaquín Balaguer fue, sin lugar a dudas, uno de estos últimos, conjugándose en sus acciones una dualidad infinita entre el pensador y el estadista, entre el hecho y la palabra, que nos corresponde a los panelistas tratar de descodificar. No nos disuade, sin embargo, la complejidad de la tarea, por lo que, de la mano con ustedes, avanzamos, como dijera el extinto mandatario, “a paso de vencedores”.

No cabe la menor duda de que, en cuanto al conocimiento de la teoría económica concierne, Joaquín Balaguer estaba muy bien preparado. Su pensamiento económico, ya libre de las obligaciones propias de Un cortesano de la Era de Trujillo, así como de La palabra encadenada, propia del ejercicio del Gobierno, se aprecia claramente en los discursos, cartas, conferencias y artículos de opinión publicados durante el trienio 1962-1965, los cuales han sido cuidadosamente recopilados por Cándido Gerón. Apreciamos en estos textos a un intelectual maduro, experimentado en las cosas de la vida pública, pero también en las teorías económicas y sociales más representativas de la época. Se cuentan entre Los carpinteros de sus argumentos, a menudo dirigidos contra la política económica y monetaria del triunvirato, las ideas de John Maynard Keynes, Robert Malthus, Carlos Marx y Emile Durkheim, entre muchos otros intelectuales de primera línea, a quienes Balaguer cita con gran autoridad, aunque, no nos olvidemos, su propósito es fundamentalmente político y no científico ni académico. En un interesante artículo publicado en abril del año 1964, en el periódico El Caribe, refiriéndose a la grave crisis económica del momento, Balaguer escribe (negritas añadidas):

… la inocuidad de las providencias dictadas por el Gobierno resulta obviamente del hecho de que el organismo creado para controlar los precios no puede hacer milagros. La tendencia de los precios a subir se mantendrá necesariamente mientras no desaparezcan las causas que han dado lugar a la espiral inflacionaria a que se halla sometida desde hace casi dos años la economía dominicana. La culpa no es ni de la oficina encargada de conservar los precios a un nivel determinado, ni del propio comercio detallista cuya acción especulativa obedece a menudo, antes que a un afán de lucro desmedido, a la presión ejercida por la demanda sobre el valor a que se expenden los bienes disponibles… la inflación procede a su vez de una serie de factores de orden político y económico, entre los cuales merecen señalarse el aumento de los salarios y de los costos de producción, la dilapidación de los fondos gubernamentales en aventuras turísticas y burocráticas, los déficits fiscales y, sobre todo, el descenso espectacular de la productividad registrada en los últimos dos años…. El deterioro de la producción agropecuaria… ha sido a su vez agravado por la torpeza de la política seguida en los últimos años por los organismos oficiales. El Gobierno propició en 1962 varios aumentos de remuneraciones en masa, principalmente en las empresas que pertenecieron a la familia Trujillo, sin tomar ninguna providencia para impedir que esos aumentos recayeran sobre los consumidores. No se efectuó, al dar satisfacción a las demandas legítimas de la clase trabajadora, el estudio previo que debió hacerse para que el alza de los salarios fuera en gran parte absorbida por el beneficio del grupo empresarial y neutralizada al propio tiempo por el incremento de la productividad. El fenómeno se desenvolvió a la inversa: se dejó que el aumento de los costos de producción gravitara sobre el consumidor y se dejó que la producción agropecuaria descendiera a niveles inferiores a los de la época en la que la población del país se hallaba por debajo de la cifra de tres millones de habitantes. Es lógico que cuando se produce un aumento súbito de los salarios y de los costos de producción no resulte fácil impedir el alza de los precios  internos. Sin embargo, la inflación de los precios puede desaparecer o atenuarse considerablemente si coincide, como sucedió en la Argentina en 1956 (Ver Raúl Prebisch, Plan de restablecimiento económico, Buenos Aires, 1956) con un incremento de la producción y con un control efectivo del crecimiento de los medios de pago exigido por el alza misma de los salarios y los costos… El fondo del problema solo podrá ser abordado cuando al frente de los destinos públicos haya un Gobierno responsable, que se decida a emprender en serio la cruzada que se requiere para incrementar la producción agropecuaria del país y para poner al propio fin al balance catastrófico de tres años de improvisaciones administrativas3. (Balaguer, 1964, c. p. Gerón, 2014, pp. 110-112)

Inspirados en este fragmento, así como en muchos otros que, en aras de una mayor brevedad no citaremos o mencionaremos más escuetamente, podemos reconocer en Joaquín Balaguer —sito en el contexto de una economía agrícola de industrialización incipiente, de una cultura política forjada sobre la fuerza de las armas y de una masa electoral mayormente campesina— un creyente devoto, practicante confeso, de la doctrina económica y política de la Escuela Fisiocrática, cuyos orígenes se remontan a la empobrecida Francia de mediados del siglo xviii, la cual inspiró en gran medida el surgimiento de la ciencia económica moderna.

Afirmaron los fisiócratas, como también Joaquín Balaguer, que la riqueza de las naciones se articula a partir de la productividad de los suelos, bajo la orientación sabia de un gobernante absoluto, quien modera a la distancia, con cierto rasgo paternal, los excesos de la libertad económica y política a la que los pueblos jóvenes aún no se han acostumbrado, pero que, invariablemente, necesitan para motorizar el progreso y, a la vez, adquirir el más importante de los imperios: aquel que ejercemos sobre nosotros mismos. Fueron precisamente ellos, los fisiócratas, los primeros y más auténticos reformistas que, previendo los horrores de lo que luego la humanidad conocería como la Revolución Francesa, apostaron al liberalismo en lo económico y al despotismo ilustrado, en el plano político.

Las similitudes entre el paradigma fisiocrático y la práctica política de Balaguer son bastante obvias, especialmente en lo tocante a la mano dura contra los enemigos del Gobierno; sin embargo, es de justicia reconocer que Balaguer, en ocasiones, también supo ser flexible, tolerante y generoso con sus adversarios, alegando que las enemistades políticas suelen ser siempre coyunturales. Ateniéndonos al plano económico, que es el que aquí nos concierne, observamos a El Doctor asumir, a todo lo largo de los próximos doce años (1966-1978) que siguieron a su regreso al poder, una serie de reformas y políticas económicas de clara inspiración fisiocrática:

  1. Fomento a la industrialización agrícola como vehículo idóneo al aumento de los salarios reales y a la generación de divisas necesarias para costear las importaciones estratégicas (combustibles, maquinarias, servicios profesionales). Con este propósito, se realizaron reformas agrarias y extendieron facilidades financieras e impositivas que incentivaron el uso del gran capital en la producción de los suelos. También, se alentó el consumo de bienes nacionales, gravando con aranceles los sustitutos extranjeros.
  2. Política fiscal centrada en el ahorro interno como principal fuente de financiamiento para las actividades del Estado dominicano y sus Fuerzas Armadas. En oposición a los préstamos (que Balaguer aseguraba no eran intrínsicamente malos ni suponían, necesariamente, un atentado contra la soberanía nacional), Balaguer impulsó la diplomacia comercial en aras de incentivar el comercio, la cultura y las donaciones. Se realizaron importantes esfuerzos para reducir, o aún eliminar, los déficits fiscales, privilegiando la inversión por sobre el gasto corriente en los presupuestos.
  3. Protección del medio ambiente y los recursos naturales. En el año 1974 se promulgó la primera ley que crea el sistema de áreas protegidas en la República Dominicana, a la que siguieron numerosas otras iniciativas de un espíritu similar, encaminadas a preservar los bosques, cuencas hidrográficas, la flora, la fauna y cordilleras. Se crearon, además, en los setenta, el Parque Zoológico Nacional y el Jardín Botánico Nacional, asignando presupuesto a la investigación, preservación y protección de la naturaleza. También es de observarse que se reguló con mayor rigor la actividad de los aserraderos que, por aquellos tiempos, diezmaban los bosques nacionales.  
  4. Privatización de las empresas estatales. Balaguer consideraba que, como norma general, el Estado debía abstenerse de participar en el plano empresarial, no porque necesariamente aquel fuese un mal administrador, sino más propiamente, para no distraerse de propósitos más relevantes a su objeto. A manera de excepción a este principio, consideraba justificadas, citando las experiencias de otras naciones más desarrolladas, las empresas estatales allí donde se pretende lograr un objetivo fiscal, vía la creación de un monopolio, o redistributivo, para satisfacer a nivel local o nacional las necesidades de consumo u otras sociales, al precio más bajo posible. En este sentido, destacan la creación de la CAASD en 1973 y de la CORAASAN en 1977.
  5. Promoción de obras públicas, de infraestructura y bienes culturales. Buena parte de los recursos del Estado, así como de los fondos recibidos de las donaciones internacionales, fueron dedicados a la construcción de viviendas, caminos, carreteras, puentes, escuelas, canales de riego, parques y otras obras que servían a un doble propósito social y económico, contribuyendo a crear empleos, pero también a la promoción e interconexión comercial de las comunidades. Entre las obras públicas se contaron, además, obras de gran valor cultural, como lo fue el caso del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, la Biblioteca Nacional, el Teatro Nacional, y numerosos museos y monumentos inaugurados desde principios de los años setenta.

Estas son algunas de las ideas y acciones que Yo y mis condiscípulos consideramos mejor representan el pensamiento económico de don Joaquín Balaguer Ricardo. Cierto es que, luego de un prolongado receso, el octogenario político reformista alcanzaría a gobernar nueva vez la República Dominicana, en el año 1986, por otros diez años. Para ese entonces, sin embargo, reconociendo sus facultades humanas e intelectuales ya disminuidas, el anciano gobernante delegaba la mayor parte de las decisiones económicas en una nueva generación de técnicos, burócratas y economistas profesionales, a quienes podría atribuirse, al menos en parte, el quehacer económico del Gobierno por aquellos años, de mayor inspiración keynesiana, aunque sin abandonar del todo los signos distintivos de aquellos doce años de la fisiocracia.

Joaquín Balaguer falleció el 14 de julio del año 2002, lamentando, según cuenta en sus memorias, que la Providencia no nos conceda la fortuna de volver a vivir una segunda vez, trayendo con nosotros todo lo aprendido en la primera. Los economistas y políticos de la nueva generación harían bien en estudiar su historia, y aún tomar su consejo, a propósito del carácter circunstancial de las enemistades políticas y de la importancia de la paciencia y el sentido de lo práctico para emprender, con éxito, las transformaciones sociales.

En una interesante entrevista, allá por el año 1964, refiriéndose a un importante político de la época al que profesaba no poca admiración y respeto, se lamentaba:

… es un teorizante cuyas doctrinas chocan con la realidad y son estranguladas por ella… Pudo haber hecho algunas reformas de fondo si no hubiera carecido totalmente de algo indispensable al hombre de gobierno: el sentido práctico, la noción de las realidades ambientales y del hecho concreto2. (Balaguer, 1964, c. p. Gerón, 2014, pp. 63-64)

Notas

  1. Ponencia dictada en el panel “Pensamiento económico en líderes políticos dominicanos: el caso del Dr. Joaquín Balaguer” del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), jueves 29 de septiembre de 2022.
  2. Presentation at the panel “Economic thought in Dominican Republic’s political leaders: the case of Dr. Joaquín Balaguer” at the Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), Thursday, September 29 of 2022. 
  3. Gerón, C. (2014). Joaquín Balaguer: cartas, entrevistas, conferencias, discursos y artículos de opinión, 1961-1965. Editora Centenario.  

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